Síndrome de Estocolmo | Más que mal, no está bien.

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Es una reacción psicológica en la cual la víctima de un secuestro, o una persona retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad, y de un fuerte vínculo afectivo, con quien la ha secuestrado.

Fragmento sacado de la Wikipedia y que al menos en mi opinión, se encuentra muy general. Yo no pondría secuestrado en repetidas ocasiones, ni mucho menos acertaría que la persona sufre, o es una víctima, porqué pues, hablamos del síndrome de Estocolmo, no eres una víctima cuando el victimario no tiene claro su objetivo y no lo cumple.

Claro que no soy experto en el tema y me a costado solo unos párrafos darme cuenta de el pequeño material que puedo aportar. Insignificante y vano pero es material y funciona, dependiendo del punto de vista del lector.

La capacidad (así lo veo, no es por instinto) de poder padecer esta deficiencia (si me preguntas, sí que lo es), tal y como una patología, es tan dañina como placentera en los que la padecen, dado que no perciben el peligro tal y como lo es, o quizás lo degradan tanto que no es posible dar cuenta cierta a lo que pudiera o está sucediendo.
Una de las principales fallas que veo en tal caso para un diagnóstico certero, es que cualquier amenaza contra la paz y la voluntad de una persona, siendo aún que alguien intentara arrancarte un cabello, es tomada como una causa para que, en situación de no alejarte o incluso de prevenir esta situación, es tomado como un indicador y posible factor para llegar a padecer, en mayor-menor grado ésta patología.

Una de las características más interesantes, dado que así está catalogado el síndrome y no es solo la ausencia de peligro en la persona ante el secuestrador (va de nuevo…), es la incertidumbre que se le da a las autoridades que deben de esclarecer el caso y dar posible ayuda en todos los aspectos en los que se encuentra envuelta la víctima, y en muchos de los casos el odio que se hace sentir hacia quien tratara de ayudar o rescatar a la persona de tal padecimiento.

Viendo eso y poniendo el caso sobre la mesa, aumentan las posibilidades de que todos y cada uno de los seres vivos en algún momento de su vida, hayan padecido el síndrome de Estocolmo.
Claro que para que sea un síndrome como tal, habría muchos, muchísimos factores en juego, dado que en un rápido ejemplo; Mi novia me muerde el labio, y este comienza a sangrar o simplemente me provoca dolor en algún punto de una escala.
Dado ese ejemplo, y haciendo énfasis en que me gusta besar a mi novia y que ella lo haga, el síndrome queda atrás por diversas razones; relación amor-dolor, amor puro, satisfacción, entre otras cosas.
Una vez más, visto eso, no profundizaré en ese aspecto a comenzar a valorar cada situación e incluso poner un nombre o etiqueta. En mi opinión, sufrirno sufrir este síndrome, es cosa de cada uno de nosotros, pudiendo modificarlo o no, y cada uno de nosotros lo padece en cierto grado.

La verdadera razón del post, es que quería hacer uso de un ejemplo que me llama bastante la atención, y no sé aún si se pudiera catalogar para todo el reino de los seres vivos o solo para los humanos pero, hablemos de ello: Gatos.

Como dueño de 3 mascotas felinas y con mucho cariño sobre ellas, puse a pensar y analizar en como es que los gatos abusan de este síndrome para reproducirse.

Así es, no has leído mal, los gatos utilizan a su antojo cada uno de los síntomas y los usan a su favor o en su contra, según sea la situación en que ellos mismos quieran desenvolverse.

La primer y mayor de mis mascotas, es una hembra de tan solo 1 año y pocos meses de edad, y ya ah sido madre desde hace casi un año por lo que (comentario de padre personal desconfiado/desesperado), no tengo la menor idea si a su corta edad de pocos meses que fue preñada, fue por voluntad y siguiendo el principio de este síndrome o fue (aquí viene el comentario) abusada por un gato malvado mayor que ella.

Nota: quisiera haber podido encontrar una imagen de mejor calidad o en su defecto unos gatos haciendo su ritual y documentarlo, pero no fue posible, así que no juzguen.

El ritual de los gatos no es poco habitual, dado que no son los único en realizar este tipo de maniobras, pero tampoco quisiera recordarles quienes lo hacen y quienes no así que veamos: La hembra es el felino de pelo más claro.

Imagen
– La hembra y el macho se identifican y se dan cuenta y uso (aún no viene el abuso) de su estado físico que los atrae para poder reproducirse.

Imagen
– Ambos, a sapiencia de que los dos están en esa etapa de la semana donde están ávidos el uno por el otro, deciden conocerse un poco más.

Quiero que se haga notorio que en todos los casos es la hembra quien comienza por dar rienda suelta al macho, pero es ella quien debe de comenzar con el ritual, dándole permiso al macho de que pueda seducirla y en cualquier caso, uso de cualquier tipo de método para completar el ciclo de reproducción. Una vez los dos, comenzando por la hembra, se huelen y hacen ver sus atributos, lo que sigue.

Imagen
– La hembra lo acepta.

Chipilóna, como decimos en México, es como se le puede ver a la gata mientras se pone de cabeza en lo que parece que dice – Estoy lista – al macho, y en este momento es cuando comienzan a hacer ruidos y el típico ronroneo.

Siendo o no un síndrome de Estocolmo, todos los seres vivos al momento de reproducción, sabiendo las consecuencias y los beneficios, están decididos a llevar a cabo un paso diferente y bastante notorio hacia, ya lo eh dicho, conseguir el mismo objetivo en común y los dos salir ilesos en el intento (por ilesos me refiero a que ambos ganan).

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– El macho no pierde el tiempo. Síndrome de Estocolmo.

Aunque ya anteriormente se había hecho notar la dominación de un animal sobre el otro (juzga quien dominó en este ejemplo), el macho listo y ansioso se abalanza sobre la hembra y es aquí cuando pareciera cambiar de opinión al menos por unos instantes, aunque así está marcado su ritual y no tengo la menor idea si ha o no evolucionado, la hembra es quien comienza a atacarlo y de una manera brutal y muchas veces dañina físicamente hacia el macho. Aún así ninguno de los dos se detiene. Síndrome de Estocolmo. Y siguen en lo que parece, un camino lleno de piedras que cruzas para llegar a la montaña de oro.

Imagen
– El macho domina porque la hembra lo dominó.

En un movimiento un tanto raro y espeluznante, la hembra pareciera que pide perdón a su pareja de momento, y el macho sin más que aceptar las disculpas y guiado por la querencia, convierte una vez más en víctima a su pareja y se monta sobre ella. No por si fuera suficiente, el macho muerde la nuca de la hembra para inmovilizarla y hacer más fácil el trabajo.

Nota: aún en este paso la hembra en ocasiones regresa al paso anterior y vuelve a atacar a su pareja para volver a pedir perdón una vez más y así hasta que llegan al siguiente paso. El número de repeticiones varía dependiendo de no sé que, pero entre gato y gato se comprenden.

Antes que nada una disculpa por la siguiente imagen, y no quisiera que se viera como pornografía felina o algo así.

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– Mission Accomplished.

El macho inmediatamente después de que se da cuenta que la hembra ya no está en posición de volver dos pasos atrás, se monta sobre ella y en un abrir y cerrar de ojos hace lo que se debe de hacer para la reproducción y hacer crecer a la familia.

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Agusto y contentos.

El paso anterior no es mayor en casi todas las ocasiones a 30 segundos, y le estoy dando un margen bastante amplio.

Ambos felinos se asean y hacen como si nada hubiera pasado, como si los dos no hubieran estado envueltos en una jugarreta dolorosa para la hembra y peligrosa para el macho.

Aquí viene un punto fuerte: los gatos después de aseados, vuelven a repetir el ritual cuantas veces sean necesarias, esto para asegurar la fertilización de la hembra y, porque no, ya sabes a lo que me refiero.

El síndrome de Estocolmo no puede ser tratado como tal tan solo por haber padecido atracción positiva hacia uno de tus victimarios, hay bastantes factores pero recordando lo que más lo caracteriza, ambas partes comparten el objetivo común de estar bien y salir bien de la treta.

Soy Luis y espero que no tengas por que padecer una patología como ésta o similar. Buen día.

Nota: La bella y la Bestia, un claro ejemplo del síndrome de Estocolmo.Imagen

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